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“La luz de mis Ojos”

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Mamá es una simple palabra que se utiliza para llamar a la mujer que ha concebido un hijo, sin embargo, encierra en sus dos sílabas una grandeza inusitada, un poder extraño, una fortaleza poco común, una valentía increíble, una sensibilidad única y un gran amor incomparable.
Mi mamá es un ser extraordinario, tiene ojos grandes y expresivos, una manos suaves y pacientes, una sonrisa cálida y contagiosa, unos cabellos largos y oscuros como la noche, es una mujer hermosa en su físico, pero también en su interior, que me ha enseñado a ver la vida de otra manera, no se cuando fue la primera vez aprendí de ella, pero ahora puedo decir que se debió preparar para mi llegada desde veinte años antes de que yo existiera, porque sus enseñanzas fueron exclusivas, extensas, cordiales, expertas, como todo un erudito en la materia.
Me contó que siempre pensó en tenerme entre sus brazos
Madre, Bebé, Feliz, Sonriendo, Verano, Personasy para ello se documentó en todo lo relacionado en los cambios físicos y químicos de su cuerpo, que debían ser indispensables para triunfar en su embarazo, además que preparó el terreno necesario para que yo fuera bienvenido.
Por caprichos de la naturaleza, mi llegada a su vientre fue tardía, tuvieron que pasar diez años de lo previsto por ella, pero dice que siempre fue paciente, que no perdería la fe de tenerme entre sus brazos, cuando por fin se anunció mi estancia, ella cruzaba los 38 años de edad, así que los cuidados se intensificaron para prevenir cualquier percance.
Durante las noches me arrullaba con sus manos, me cantaba canciones, me incitaba a moverme para saber que todo estaba correcto, estaba al pendiente de cualquier cambio fuera de lo común, se pasó casi treinta y cinco semanas en cama para evitar un desprendiendo inoportuno y que cesara mi vida ansiada,
durante ese tiempo leía gruesos manuales
Embarazada, Infantil, Madre, Embarazo, Esperar, Bebépara seguir a cada paso los cambios que se formaban en mí y se medía su vientre a cada mañana, insistía con el médico que todo estuviera bajo control, su desgastado cuerpo no soportaría un percance y mi vida estaría en peligro inevitablemente.
Seguía a cada paso las indicaciones del médico quién apuntaba “Reposo absoluto, porque la placenta está inestable, hay que evitar un desprendimiento prematuro, recuerde que su embarazo es de alto riesgo por sus problemas de salud”, además de que continuamente lo consultaba en revistas y grandes librotes para confirmar las menciones del galeno.
Durante todo el tiempo que me desarrollé en su vientre,
me contó que me leía grandes obras literarias entre novelas y ficción, así como de gran aventura, entre ellas estaba “Don Quijote de la Mancha”, “La Divina Comedia”, “Lazarillo de Tormes”, “Viaje al fondo del Mar”, me contó en forma de cuento gran parte de la
Historia Universal, me cantó canciones y me leyó tantas veces que ahora no vienen a mi mente todos ellos, pero que puedo recordar su contenido con tan sólo ver el Título. Ella me dijo que lo hacía para tratar de aprovechar el tiempo perdido en la espera, para enseñarme tantas cosas que deseaba que aprendiera.
Cuando por fin llegó el momento del parto,
todo en ella era una explosión de emociones, la fecha estaba planeada, esperó con ansia el momento, pero tenía miedo de no aguantar la cirugía de cesárea, su riñón estaba disfuncional, cuestión que le provocó alteración en el ritmo cardiaco, así como se elevó su presión arterial, todo en conjunto causaron acumulación de agua en los pulmones y no le permitían respirar, tenían que controlar su situación antes de comenzar la operación conmigo.
Tres días más se aplazó mi destino,
ella hospitalizada y yo esperando en su vientre, sus manos cálidas me llenaban de seguridad, escuchar su voz quebrada queriendo animarme en los momentos más críticos eran una bendición, yo tampoco la estaba pasando muy bien, su estado de ánimo me contagió de nervios y empecé a dar patadas de ahogado, la cirugía no podía esperar más, mi cabeza estaba prensada entre los huesos y la bolsa de agua había cedido ante mis bruscos movimientos.
Un corredero de médicos no se hizo esperar,
El Recién Nacido, Infantil, Nacimiento, Partoya esta mi madre en trabajo de parto normal y su respiración era insuficiente, su presión inestable no le permitía impulsarme para afuera, así que fue necesario que introdujeran unas tenazas que me tomaron por alrededor de la frente, ejerciendo una presión excesiva y provocándome un dolor intenso.
En cuánto me pudieron sacar, la mayoría de ellos se concentraron en estabilizarla, pues estaba perdiendo la vida de mi querida madre, pasaron un par de horas más para que pudieran confirmar que estábamos fuera de peligro los dos, pero ese agudo dolor de cabeza no se retiraba de mí, así que lloraba a grito abierto y sólo fue cuando ella me habló dulcemente, con una voz muy quedo y entrecortada por el cansancio, cuando me reconfortó un poco.
Continuara la próxima semana…

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